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lunes, 26 de noviembre de 2007

Monedita de oro

Fuente: La Opinión de los Angeles
Autor: Sergio Ramirez

Si la estrategia de publicidad del presidente Hugo Chávez consiste en ganar la primera plana de los medios de comunicación a cualquier costo, lo consigue con creces. Lo ha probado en Santiago, Chile, durante la Cumbre Iberoamericana, donde desde su bajada del avión se dispuso a conquistar la primacía mediática, aunque fuera a trompadas. Y para anunciarlo, se bajó cantando una de sus tonadas preferidas, interpretada a capela: "no soy monedita de oro, pa’ caerle bien a todos"… una especie de advertencia de que la pelea a puño limpio iba a tener en la otra esquina aún cabezas coronadas, sin exceptuar a su anfitriona, la presidenta Michelle Bachelet.
Una pelea a varios rounds, y con no pocas sorpresas en cuanto a la calidad, diversidad y cantidad, de golpes y llaves. Pura lucha libre a la altura del "Santo, El Enmascarado de Plata", vengador de todas las causas. "El Santo", "El Águila Negra", "El Ciclón del Caribe", cualquiera de los valientes forzudos del cuadrilátero. Nadie le hace sombra al campeón, por mucho que sus aliados más cercanos se entrometan, buscando la luz de sus reflectores, el presidente Daniel Ortega de Nicaragua, entre ellos. A todos los eclipsa, por mucho que suban la voz y le copien los ademanes y los desplantes.
Todo lo que dice suena a premeditación. No deja nada al acaso. Lo primero que hizo fue irse a la yugular de la presidenta Bachelet, al cuestionar el tema central de la Cumbre, la cohesión social, elegido por ella misma, y aceptado por todos los gobiernos. Pero para Chávez, en su diplomacia de rompe y raja, no hay nada extemporáneo: "la cohesión social no me gusta, es algo terriblemente malo. El infierno puede estar muy bien cohesionado…", dijo después de entonar su canción de la monedita de oro en el aeropuerto de Pudahuel. Una declaración de guerra en tono desafinado, no importa que después firmara el documento final de la cumbre, en el que la cohesión social quedó con todos sus puntos y comas.
Y por si fuera poco, enseguida se dejó ir de frente con el reclamo de la salida al mar para Bolivia, un asunto en cuyo manejo el presidente Evo Morales, el principal interesado, mostró un acertado tacto diplomático en sus conversaciones con la presidenta Bachelet durante la Cumbre. Pero Chávez disparó por su propia cuenta una salva de pirotecnia, con pólvora viva: "Aquí todos conocemos la historia… Bolivia tuvo mar cuando vino Simón Bolívar… ustedes vean los mapas…"
La anfitriona, que comenzaba a sentirse víctima de las impertinencias de su huésped, mandó al canciller Alejandro Foxley, y al ministro del Interior, Belisario Velasco, a responder, y ambos lo hicieron sin ocultar su irritación. Foxley enlistó las ventajas que el modelo de cohesión social ha traído para Chile, como algo que está en los hechos, y no en la retórica, y Velasco recordó que la salida al mar para Bolivia es un asunto bilateral, ajeno, por tanto, a Chávez. Pero él se apuntaba el round a su favor en los titulares, según lo buscaba: los demás presidentes quedaban opacados, y las únicas declaraciones recogidas en los diarios de Santiago, eran la suyas, por mucho que fueran contestadas tan airadamente por los dueños de casa.
Pero ya sabemos que faltaba mucho más por ver, y el show final estaba reservado para la última sesión de la Cumbre. Todos vimos la puesta en escena. Sin atender a ninguna regla protocolaria, Chávez interrumpió repetidamente la intervención del presidente del gobierno español Rodríguez Zapatero, que protestaba por los calificativos de fascista con que el otro había cubierto, también desde su llegada, a su antecesor y adversario "en las antípodas", José María Aznar. Y la escena en que un iracundo rey Juan Carlos mandó a Chávez a callar, desbordó todos los límites de la diplomacia. La presidenta Bachelet, dueña de la fiesta que se le aguaba, se veía a punto de soltar el llanto, mientras el rey Juan Carlos abandonaba intempestivamente la sesión, ya Daniel Ortega en plan de echar segunda enseñando también los puños y los dientes en beneficio oficioso de Chávez.
¿Un fiasco para Chávez? Dentro de su lógica de ser el centro obligado de la atención, debe parecerle más bien un triunfo, y dentro de esa misma lógica, que tiene necesariamente un sustrato político, el papel de chico malo le resulta una forma privilegiada de heroísmo. ¡Enfrentarse a un rey! Debe acordarse de aquella leyenda ingenua que se cuenta de Bolívar cuando niño, que en pleito con el que sería Fernando VII en el patio de la escuela durante el recreo, prometió botarle un día de la cabeza la corona a pedradas.
¡Hasta dónde le alcanzarán las piedras?

martes, 11 de septiembre de 2007

Hugo Chávez gobernaría hasta 2007 para terminar "su revolución"

Enrique Galván-Duque Tamborrel

Lo dicho: Chávez gobernaría hasta 2027 para terminar su “revolución”.

El presidente venezolano, Hugo Chávez, dijo hace unos días que estaría dispuesto a gobernar el país hasta 2027 con el objetivo de finalizar su “revolución” socialista, después de que propusiera en su proyecto de reforma constitucional, la reelección presidencial ilimitada. El mandatario, durante el programa dominical de televisión y radio Aló Presidente, señaló que desea ocupar el cargo de presidente por largos años para poder establecer el socialismo en Venezuela.
Es claro que no pretende más debido a la impresión que le causa el anciano Fidel Castro Ruz, y como por ahí se dice que “cuando veas a tu vecino rasurar pon tus barbas a remojar”, y aún cuando Fidel no se rasura ni en sueños ni Hugo usa barbas, por aquello de las dudas mejor no se arriesga a llegar a eso.
Ahora los venezolanos puedes jactarse de que ya tienen amo, ¿será que de veras ellos piensen y/o se sientan así? No creo que los venezolanos caigan en aquello que dijo el político francés Emmanuel Joseph Sieyès (1748-1836) cuando, después de la jornada del 18 de brumario –segundo mes del calendario republicano francés, cuyos días primero y último coincidían, respectivamente, con el 22 de octubre y el 20 de noviembre-- Napoleón sólo se ocuparía de los asuntos militares y que le dejaría a él los civiles. Pero vióse enormemente sorprendido cuando Napoleón demostró que tenía formadas sus opiniones sobre política y economía, sobre jurisprudencia y sobre todas las ramas de la administración; sostenía sus ideas con lógica prieta y no era tarea fácil convencerle. En presencia de Chazal, Talleyrand, Boulay, Roederer, Cabanis, entre otros, dijo: “Tenemos amo que lo sabe hacer todo y lo quiere hacer todo”, y aún añadió: “En la deplorable situación en que nos encontramos, es preferible someternos que provocar escisiones condenadas al fracaso”.
Parafraseando lo que escribió Adolphe Thiers (1797-1877), en su Histoire de Consultat et de l’Empire, refiriéndose a Napoleón “En esta gran figura en la que tanto pueden aprender los militares –ojalá Hugo lo haga--, los administrativos, los políticos, pueden también los ciudadanos, a su vez, aprender una cosa: que es preciso no entregar jamás la patria a un solo hombre, sea quien sea y cualquiera que sean las circunstancias”.

En esta tesitura, y recordando la forma de proceder de Andrés Manuel López Obrador, quien tanto se asemeja a Hugo Chávez aunque lo niegue, cuando pienso en la la lamentable situación sociopolítica en la que se encuentra México, valido la frase de mi querido amigo Querien Vangal: “Ah, ojalá pudiese haber dictaduras sin dictador!... Bueno fuera, pero sería tanto como pedirle peras al olmo o tunas al cafeto.