miércoles, 28 de noviembre de 2007

Por qué Chávez llegó al poder

Fuente: Yoinfluyo
Autor: Luis Pazos


A raíz del reciente enfrentamiento entre el Presidente Hugo Chávez de Venezuela y el rey Juan Carlos de España, debido a que Chávez interrumpió groseramente al presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, muchos venezolanos manifestaron que se avergüenzan de su presidente. Sin embargo, ese personaje llegó al poder por la vía democrática.
Chávez es presidente de Venezuela por varias causas. Una de ellas fue el hartazgo de muchos venezolanos ante los pleitos e ineficiencias de los dos partidos que tradicionalmente habían alternado el poder.
Esos venezolanos pensaron en darle “chance” a alguien diferente, y votaron por Chávez. Otra de las causas que llevó a Chávez a la presidencia fue el hacerse la víctima ante el electorado.
Ya en el poder, Chávez se declaró izquierdista y, a pesar de ser un ex golpista militar, se ganó el apoyo de la izquierda, que cuando no está en el poder critica a los militares.
Chávez empezó a repartir dinero y dádivas que, aunque desequilibraron gravemente las finanzas públicas, le permitieron un mayor apoyo para reelegirse y concentrar más poder. Presentarse como víctima fue otra de sus estrategias. Más de 30 veces durante su mandato ha acusado a la DEA y a grupos opositores, a los que califica de derecha, de que lo quieren matar. Responsabilizó a los medios de comunicación de fraguar una campaña en su contra y clausuró la televisora más importante con la excusa de un complot. Chávez polarizó la sociedad venezolana entre pobres y ricos, derechas e izquierdas
Las tácticas de formar comités, como en Cuba, para controlar a los vecinos, le ha funcionado. Quien apoya a Chávez recibe dinero, ayuda y le facilitan los trámites en el gobierno. Quien está contra Chávez puede perder su trabajo, su negocio, y se le dificulta cualquier trámite con el gobierno.
Lo sucedido en Venezuela con el demo-dictador Chávez, demuestra que cuando los electores no analizan bien a quién le dan su voto, se puede llegar a la dictadura por la vía de la democracia, como sucedió en Alemania con Hitler, y ahora está sucediendo en Venezuela.

Sabotajes en PEMEX y en OAXACA ¿Una estrategia AMLO-NARCO-EPR?

Fuente: Yoinfluyo
Autor: Lic. Manuel Díaz Cid

Para revisar los temas de la política nacional de la semana, es conveniente destacar el editorial “Chantaje”, publicado por Federico Reyes Heroles en el periódico Reforma, el 17 de julio de 2007. Al preguntar: “¿De verdad piensan derrocar al gobierno mexicano?”, se remonta al discurso de AMLO, el 1 de julio de 2007, en la reunión en el Zócalo de la ciudad de México, donde reitera su declaración de guerra en contra del gobierno de Felipe Calderón al que no reconoce, acción que le sirve a AMLO como argumento para soportar la “legitimidad” de su “República Filibustera” apoyada por las movilizaciones populares que, a diferencia del año pasado, recurren ya a técnicas de acarreo y cuotas de presencia puesto que la capacidad de convocatoria lopezobradorista ha disminuido.
Del 1 de julio al día de hoy se produjo un embate del PRD en contra de la Iglesia Católica en la ciudad de México con el anuncio del PRD de patrocinar, en diferentes estados, considerando las implicaciones que puedan surgir con el mundo católico, la existencia de los matrimonios gay.
Simultáneamente, toda la línea de caricaturistas de izquierda que son la mayoría en todos los diarios y revistas nacionales, sigue la línea de presentar a Felipe Calderón como un “instrumento y títere de la Iglesia” cuando, en realidad, su actitud ha sido bastante distante. Se trata mañosamente de presentar ante la izquierda mexicana a un gobierno clerical.
Así como las derechas hace algunos años estaban convencidas de la existencia de la Gran Conspiración judeo-masónico-marxista (misma que manejaba la política mundial), en el mundo de la izquierda se sostiene que, quien verdaderamente gobierna cuando la derecha llega a puestos de poder, es necesariamente la Iglesia. Los obispos y cardenales mexicanos en este caso solamente son títeres de una figura “lejana, remota y perversa” que es el Papa que vive en el Vaticano, autor de que las cosas se hacen en perjuicio de las grandes mayorías y de los pobres. Todavía muchos izquierdistas mexicanos viven la versión del jacobinismo del s.XVIII y XIX, y creen todo lo que se les dice.
En el documento Tercio Milenio Adveniente, el Papa Juan Pablo II llama a los cristianos a reconocer los errores del pasado. El único llamado de los grupos de izquierda, en cambio, es a que el resto del mundo acate sus principios, sin dejar lugar a una reflexión al pasado y a reconocer sus errores. De ahí que la prédica descalificadora tenga en los conversos de la izquierda a un auditorio cautivo. AMLO ya no le habla a la sociedad como lo intentó en sus primeros discursos, ahora maneja un mensaje cerrado, explotando los sedimentos ideológico-políticos que existen desde el s.XIX, y afloran en un rechazo ante las figuras que la retórica del líder revolucionario pretende identificar como los verdaderos enemigos del país.
Las reclamaciones nacionales demuestran la existencia de un operativo que tiene como objetivo la descalificación total de la campaña de Felipe Calderón contra el narcotráfico, y valdría la pena reflexionar y cuestionar por qué el PRD es el único partido que explícitamente está en contra de la persecución del narcotráfico en este país, cuando el caso colombiano explica que la guerrilla existe porque el narcotráfico la está financiando para distraer al Ejército, como lo señala Reyes Heroles: “qué curioso que se esté dando este reclamo. Algo no cuadra”.
¿A quién beneficiará la suspensión de la Guelaguetza? ¿A los pobres? ¿A quienes trabajaron durante todo un año, tejiendo palma y elaborando figuras que los turistas puedan comprar? Luego de que los medios de comunicación presentaron a un turista que declaró: “nunca más pisaré Oaxaca”, se ve el resultado que se pretende conseguir: se busca generar un movimiento de desestabilización para derrocar al gobierno mexicano.
Al derrocar al gobierno mexicano, la carrera de AMLO como candidato y como posible representante de grupos de opción democrática culminaría y nadie más tendría la posibilidad de comenzar una carrera. De ahí la confrontación creciente con el grupo de Marcelo Ebrard y los acontecimientos del fin de semana en la elección interna del PRD donde claramente volvieron a mandarse al diablo a las instituciones.
El presidente de España, Rodríguez Zapatero, señaló que “los partidos de oposición deben jugar defendiendo sus principios y su identidad en favor del desarrollo y crecimiento para hacer del gobierno que esté en el poder, un buen gobierno porque beneficia a todo el país” y no exclusivamente a los simpatizantes del titular. Sin embargo, AMLO no lo realizará porque está convencido de que la vía democrática no funciona.
En Latinoamérica el crecimiento de la antipolítica alarma a los grupos democráticos porque se pretende convertir a las manifestaciones callejeras en el sustituto de las vías electorales. En la visión de las “Repúblicas Filibusteras” no se conseguirán modificaciones importantes con la participación pacífica de la comunidad que emita su voto y lo defienda. Por el contrario, se le otorga esta capacidad a la manifestación que logre la caída de un gobernador o la frustración de un evento, es decir, la ruptura total con el marco jurídico.
AMLO plantea que “el gobierno federal y los gobiernos estatales no tienen la representación legítima y, por ello, no se atreverán a enfrentarlos”. Porfirio Muñoz Ledo y sus seguidores se apuestan por el descarrilamiento del gobierno actual, antes que por la corrección de los proyectos que el gobierno presenta para ser debatidas con un sentido propositivo y darle a los desacuerdos la oportunidad de encontrar los puntos de contacto que les permiten, aunque tengan discrepancias, sumarse en la búsqueda del bien común.
La maniobra del PRD responde a un propósito: Demostrar que enviar al diablo a las instituciones no es una frase sino una concepción estratégica, con el fin de acabar con la Democracia e instaurar una “República Filibustera” que calcaría, en términos generales, el proyecto de Hugo Chávez y los movimientos del bolivarismo a nivel latinoamericano.






lunes, 26 de noviembre de 2007

La gran ilusión de Matías Romero

Enrique Galván-Duque Tamborrel

A 100 años de su puesta en marcha, la línea ferroviaria México-Oaxaca del antiguo ferrocarril mexicano del sur sigue dando al hombre un enorme servicio y asombrándonos por lo que entonces fue una auténtica proeza: atravesar la agreste e imponente cordillera de la Mixteca.
En las colonias Vértiz Narvarte y Del Valle, de la ciudad de México, una calle lleva el nombre de Matías Romero. Más o menos a la mitad del trayecto ferroviario entre Salina y Cruz y Coatzacoalcos hay una población oaxaqueña que también se llama así.
En Ciudad Satélite la nomenclatura municipal lo honra de igual modo. Y un instituto de estudios e investigaciones internacionales de la Secretaría de Relaciones Exteriores ostenta con orgullo la misma denominación. ¿Quién fue el personaje merecedor de tales reconocimientos’ ¿Qué relación tuvo con el ferrocarril de Puebla a Oaxaca que se empezó a construir hace un siglo?

Un polifacético e incansable viajero
Muchos recuerdan a Matías Romero como el casi eterno representante diplomático de México en Washington, donde residió alrededor de 20 años. Ahí defendió los intereses del país durante los gobiernos de tres presidentes: Benito Juárez, Manuel González y Porfirio Díaz. Fue amigo del primero y del tercero, así como del general Ulises S. Grant, combatiente en la guerra de Secesión y luego presidente de los Estados Unidos. También fue Romero secretario de Hacienda en varias ocasiones, promotor de actividades agrícolas en el sureste de México y decidido impulsor de la construcción de ferrocarriles mediante el concurso de inversiones extranjeras. Por más de 40 años estuvo en el servicio público. Murió en Nueva York en 1898, a los 61 años de edad, dejando una importante obra escrita sobre temas diplomáticos, económicos y comerciales.
Quizás menos personas sepan que Matías Romero fue un viajero incansable. En aquellos tiempos en que viajar tenía visos de heroísmo, pues casi no había caminos ni posadas ni vehículos confortables en gran parte del país, este polifacético personaje salió de la ciudad de México y llegó hasta Quetzaltenango, en Guatemala. Durante cerca de 6 meses estuvo en movimiento. A pie, en tren, a caballo, en mula y en barco recorrió más de 6300 Km. Fue de México a Puebla por ferrocarril. Siguió a Veracruz en tren y a caballo. Ahí estuvo en San Cristóbal, Palenque, Tuxtla, Tonalá y Tapachula. Luego pasó a Gyatenakam donde hizo tratos con el caudillo de ese país. Rufino Barrios. Volvió a la ciudad de México tras ocuparse de sus fincas y negocios: el cultivo del café y la explotación de madera y de caucho. En marzo de 1873 estaba de nuevo en Guatemala, esta vez en la capital, donde se entrevistó frecuentemente con el presidente García Granados durante los seis meses que permaneció en aquella ciudad.
Como escribió su biógrafo, Romero escaló montañas, atravesó pantanos y marismas y pasó por “las tierras cálidas y húmedas de Veracruz, Campeche y Yucatán durante los terribles meses de verano... Llegó a donde solamente los primeros conquistadores habían llegado siglos antes”.
No fue ése su primer viaje. A los 18 años de edad, en octubre de 1855, tomó el viejo camino de Oaxaca a Tehuacan, por el que durante siglos se habían movido las recuas que llevaban el principal producto de exportación oaxaqueño: la grana o cochinilla, valioso tinte muy codiciado por los europeos. Todavía en ese año en el que el joven Matías dejaba para siempre su ciudad natal, se exportaron 647125 libras de grana, por un valor superior a 556 mil pesos.
Llegó a la ciudad de México, después de una estancia en Tehuacan, a bordo de una de las diligencias de don Anselmo Zurutuza, el empresario de transportes que ponía en comunicación a la capital de la República con Puebla y Veracruz y con numerosas ciudades del interior.
En esa época, la diligencia era un signo de la modernidad. Este vehículo había sustituido con ventaja a los coches de “bombee”, “pesados y lentos como litigio de testamentaria”, según escribió Ignacio Manuel Altamirano.
Las innovaciones técnicas ejercían una fascinación especial sobre Matías Romero. Pronto quedó atrapado por otro símbolo del progreso: el ferrocarril. Así, a poco de avecindarse en la ciudad de México, fue a conocer el avance de las obras de la estación ferroviaria que se estaba construyendo en la Villa de Guadalupe.
Y en agosto de 1857 puso los ojos por primera vez en una locomotora: la Guadalupe (tipo 4-4-0), construida por Baldwin en Filadelfia en 1855, y que se había conducido por partes desde Veracruz hasta los 2 240 metros del Altiplano central en carretas tiradas por mulas. Poco después hizo su primer viaje en tren del Jardín de Santiago en Tlatelolco a la Villa a lo largo de 4.5 kilómetros de recorrido. Buena parte del trayecto correspondía a la vía instalada en la Calzada de los Misterios, la cual se usaba también para la circulación de carruajes, jinetes y peatones.
Los tiempos turbulentos por los que atravesaba el país pronto obligaron a Matías Romero a emprender otros viajes. Comenzada la Guerra de Reforma, siguió al gobierno legítimo en su peregrinar azaroso. Así, estuvo en Guanajuato en febrero de 1858. al mes siguiente, ya en Guadalajara, fue reducido a prisión por los soldados amotinados que estuvieron a punto de disparar contra el presidente Juárez. Liberado, no sin antes sufrir la amenaza de fusilamiento, cabalgó hacia el Pacífico sobre una bestia y una silla que adquirió de su peculio. En las alforjas llevaba los escasos fondos de la Tesorería de la Federación, puestos bajo su cuidado. Llegó a Colima, tras fatigosas cabalgatas nocturnas, en ilustre compañía: Benito Juárez, Melchor Ocampo, secretario de Relaciones, y el general Santos Degollado, jefe del menguado ejército de la República.
De esa ciudad se dirigió a Manzanillo desafiando los peligros de la laguna de Cuyutlán con sus hambrientos lagartos que parecían “troncos pardos de árboles flotantes” de tantos que eran. Los saurios aguardaban con paciencia un error del jinete o un mal paso de la mula para tragarse a ambos. Es de suponerse que no siempre satisfacían su voraz apetito.
En cambio, los mosquitos, que también infestaban las aguas estancadas, se despachaban sin misericordia alguna. Por eso, otro viajero ilustre, Alfredo Chavero, dijo que en la laguna había “un enemigo que no se ve, que no se siente y que no se puede matar: la fiebre.” Y agregó: “Las diez leguas de la laguna son diez leguas de putrefacción y de miasmas que inoculan el mal al pasar”.
Matías Romero sobrevivió tan duros trances y en Manzanillo se embarcó hacia Acapulco y Panamá Cruzó el Istmo en tren (fue su segundo viaje por ferrocarril) y en Colón abordó otro navío para dirigirse a La Habana y a Nueva Orleáns, tras navegar por el delta del Mississipí. Por fin, luego de una travesía marítima de tres días, llegó a Veracruz el 4 de mayo de 1858. En ese puerto se instaló el gobierno trashumante de los liberales y ahí estuvo Romero a su servicio, como empleado de la Secretaría de Relaciones Exteriores. El 10 de diciembre de 1858, a bordo del mismo barco en el que había llegado (el Tennesse), salió hacia los Estados Unidos para asumir su cargo de Secretario de la Legación de México en Washington. Ya en aquel país, navegó río arriba por el Mississipi hasta Memphis, donde tomó el tren local, que “paraba en todas partes e iba pletórico de fumadores, junto con algunos esclavos muy sucios y algunos muchachos”. En Gran Junction pasó a otro tren, con carro dormitorio, y reanudó el viaje: Chattanooga, Knoxville, Lynchburg, Richmond y Washington, a donde arribó en la víspera de Navidad-. Durante el resto de su vida Matías Romero viajó mucho y llegó a conocer muy bien los ferrocarriles de Estados Unidos y de varios países europeos.

El ferrocarril de Puebla, Tehuacan y Oaxaca
¿Cómo se vería el territorio oaxaqueño desde una nave espacial? Se vería en su mayor parte como encerrado en sí mismo, como dentro de un cerco de montañas, de estribaciones y cañadas. Las tierras frías darían la cara a los cálidos valles situados entre 1400 y 1600 m de altitud. En el Pacífico, tras la abrupta sierra Madre, una estrecha franja costera de unos 500 Km. de largo volvería la espalda a los valles centrales y a los escalonamientos y cañones montañosos. El Istmo de Tehuantepec, escudado por otro valladar orográfico, constituiría por derecho propio una región distinta.
Desde las alturas de ese observatorio privilegiado se contemplarían también dos casos especiales. Uno, el de la Mixteca Baja, algo aislada de la parte central y más integrada geográficamente a la vertiente del Pacífico. Otro, el de la Cañada de Quiotepec, o Mixteca Oriental, zona baja y cerrada que separa a las tierras zapotecas del centro y del oriente del país, y que por eso ha sido paso obligado de una de las rutas tradicionales que han intentado remediar el relativo asilamiento oaxaqueño. Esta ruta es la de Oaxaca-Teotitlán del Camino-Tehuacán- Puebla. La otra va por Huajuapan de León y por Izucar de Matamoros.
Pese a su gran familiaridad con distintos medios de transporte, Matías Romero nunca pudo ver a Oaxaca desde el aire. Pero tampoco le hizo falta. Pronto comprendió la necesidad de luchar contra el aislamiento y la escasez de comunicaciones de su tierra. Así, hizo suya la tarea de llevar el ferrocarril hasta su ciudad natal y se convirtió en decidido promotor de este “heraldo del progreso”, en México. Amigo de presidentes y de grandes personajes de la política y las finanzas en su país y en Estados Unidos, utilizó sus relaciones para impulsar las empresas ferroviarias y otras actividades de mejoramiento económico.
De 1875 a 1880, el gobierno de Oaxaca había celebrado algunos contratos de concesión para construir un ferrocarril que comunicara un puerto del Golfo, con la capital oaxaqueña y con Puerto ángel o Huatulco en el Pacífico. Faltaban recursos y las obras no se emprendían. Matías Romero, en representación de su estado natal, promovió activamente el proyecto. Contribuyó a que su amigo Ulises S. Grant, expresidente de los Estados Unidos, viniera a México en 1880. Luego en 1881, propició la constitución de la Mexican Southern Railroad co., en Nueva York. El presidente de la compañía concesionaria del ferrocarril de Oaxaca era nada menos que el general Grant. También participaban otros magnates ferrocarrileros estadounidenses.
Matías Romero puso grandes esperanzas en este ferrocarril. Pensaba que daría “vida, progreso y prosperidad a todos lo estados del sureste de nuestro país. Que...son los más ricos de nuestra nación y que ahora se encuentran en un estado verdaderamente lamentable”. La compañía presidida por Grant tuvo grandes dificultades financieras y pronto quebró. El antiguo guerrero de la contienda civil estadounidense quedó en la ruina. A tal punto, que Matías Romero le prestó mil dólares. (Muchos años antes también había brindado auxilio pecuniario a Benito Juárez, entonces presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Aunque a éste únicamente le prestó cien pesos.)
En mayo de 1885 se declaró la caducidad de la concesión, sin que la Mexican Southern Railroad Co., hubiera tendido un solo kilómetro de vía. El sueño de Matías Romero parecía esfumarse.
Por fortuna para sus anhelos de progresos, las cosas no quedaron ahí, Ya sin su intervención, pues otra vez representaba a México en Washington, se autorizó una nueva franquicia para el ferrocarril en 1886. Tras diversas peripecias administrativas y financieras, una empresa inglesa comenzó a construirlo en septiembre de 1889. Los trabajos avanzaron con rapidez. En apenas tres años y dos meses se tendió la vía angosta entre Puebla, Tehuacan y Oaxaca. La locomotora atravesó triunfante la Mixteca Oriental y pasó por el cañón de Tomellín. Venció los obstáculos de un medio agreste, lo mismo que las reticencias de los incrédulos y las dudas de los temerosos. Desde 1893 funcionó plenamente el Ferrocarril Mexicano del Sur. Sus 327 kilómetros de rieles estaban ahí. También sus 28 estaciones, 17 máquinas de vapor, 24 vagones de pasajeros y 298 furgones para transporte de carga. Así se concretaron los sueños de Matías Romero, el incansable promotor y viajero.

El olvidado Matías Romero
"Los pasajeros que se han transportado cómodamente por el mar, procedentes de Nueva Orleáns y otros lugares de la costa del golfo, desembarcan en Coatzacoalcos para reanudar su acuático viaje ahora a bordo del lujoso barco de palas Allegheny Belle (traído exprofeso desde el Mississippi) que remonta un anchuroso río Coatzacoalcos hasta el paraje llamado Súchil, (cerca del actual poblado de Matías Romero;) y de aquí, en traqueteantes carruajes, hasta el Pacífico donde han de embarcarse hacia San Francisco." ¿Fantasioso? de ninguna manera. Lo anteriormente dicho era ofrecido por la Tehuantepec Railway Company of New Orleans, a mediados del siglo XIX. En los primeros estudios que sirvieron de base para el trazo definitivo del Ferrocarril Transístmico, colaboró en forma importante, en los albores de su destacada actividad profesional el ingeniero geógrafo José Tamborrel Siqueiros, misma que lo llevó posteriormente a encabezar la Comisión Mexicana para el trazo de la frontera con Guatemala..
La empresa realizaba una travesía por mes y el servicio fue aprovechado por centenares de gambusinos que así se trasladaron a California.
En 1907, Matías Romero, Oax. vio pasar el ferrocarril Coatzacoalcos Salina Cruz, en cuyos días de apogeo llegó a haber 20 corridas diarias e ingresos netos de 5 millones de pesos al año-, pero que 7 años después cayó en desuso por la competencia del Canal de Panamá. Sin embargo, en Matías Romero (antiguamente Rincón Antonio) no decayó la actividad ferroviaria, tuvo talleres e industria mecánica afín de bastante importancia fomentada por el nuevo ferrocarril Pan-Americano (1909) que corría desde San Jerónimo ---hoy Ciudad Ixtepec--- hasta Tapachula, como continua haciéndolo hasta hoy.
La población de Matías Romero, de unos 25000 habitantes aproximadamente, de clima caluroso y rodeada por el paisaje del Istmo, ofrece dos pequeños hoteles; el Castillejos y el Juan Luis: hay excelente artesanía de filigrana de oro y de plata procedente de la vecina Ciudad Ixtepec (junto a Juchitán), que fuera base aérea militar durante la Segunda Guerra Mundial.

Monedita de oro

Fuente: La Opinión de los Angeles
Autor: Sergio Ramirez

Si la estrategia de publicidad del presidente Hugo Chávez consiste en ganar la primera plana de los medios de comunicación a cualquier costo, lo consigue con creces. Lo ha probado en Santiago, Chile, durante la Cumbre Iberoamericana, donde desde su bajada del avión se dispuso a conquistar la primacía mediática, aunque fuera a trompadas. Y para anunciarlo, se bajó cantando una de sus tonadas preferidas, interpretada a capela: "no soy monedita de oro, pa’ caerle bien a todos"… una especie de advertencia de que la pelea a puño limpio iba a tener en la otra esquina aún cabezas coronadas, sin exceptuar a su anfitriona, la presidenta Michelle Bachelet.
Una pelea a varios rounds, y con no pocas sorpresas en cuanto a la calidad, diversidad y cantidad, de golpes y llaves. Pura lucha libre a la altura del "Santo, El Enmascarado de Plata", vengador de todas las causas. "El Santo", "El Águila Negra", "El Ciclón del Caribe", cualquiera de los valientes forzudos del cuadrilátero. Nadie le hace sombra al campeón, por mucho que sus aliados más cercanos se entrometan, buscando la luz de sus reflectores, el presidente Daniel Ortega de Nicaragua, entre ellos. A todos los eclipsa, por mucho que suban la voz y le copien los ademanes y los desplantes.
Todo lo que dice suena a premeditación. No deja nada al acaso. Lo primero que hizo fue irse a la yugular de la presidenta Bachelet, al cuestionar el tema central de la Cumbre, la cohesión social, elegido por ella misma, y aceptado por todos los gobiernos. Pero para Chávez, en su diplomacia de rompe y raja, no hay nada extemporáneo: "la cohesión social no me gusta, es algo terriblemente malo. El infierno puede estar muy bien cohesionado…", dijo después de entonar su canción de la monedita de oro en el aeropuerto de Pudahuel. Una declaración de guerra en tono desafinado, no importa que después firmara el documento final de la cumbre, en el que la cohesión social quedó con todos sus puntos y comas.
Y por si fuera poco, enseguida se dejó ir de frente con el reclamo de la salida al mar para Bolivia, un asunto en cuyo manejo el presidente Evo Morales, el principal interesado, mostró un acertado tacto diplomático en sus conversaciones con la presidenta Bachelet durante la Cumbre. Pero Chávez disparó por su propia cuenta una salva de pirotecnia, con pólvora viva: "Aquí todos conocemos la historia… Bolivia tuvo mar cuando vino Simón Bolívar… ustedes vean los mapas…"
La anfitriona, que comenzaba a sentirse víctima de las impertinencias de su huésped, mandó al canciller Alejandro Foxley, y al ministro del Interior, Belisario Velasco, a responder, y ambos lo hicieron sin ocultar su irritación. Foxley enlistó las ventajas que el modelo de cohesión social ha traído para Chile, como algo que está en los hechos, y no en la retórica, y Velasco recordó que la salida al mar para Bolivia es un asunto bilateral, ajeno, por tanto, a Chávez. Pero él se apuntaba el round a su favor en los titulares, según lo buscaba: los demás presidentes quedaban opacados, y las únicas declaraciones recogidas en los diarios de Santiago, eran la suyas, por mucho que fueran contestadas tan airadamente por los dueños de casa.
Pero ya sabemos que faltaba mucho más por ver, y el show final estaba reservado para la última sesión de la Cumbre. Todos vimos la puesta en escena. Sin atender a ninguna regla protocolaria, Chávez interrumpió repetidamente la intervención del presidente del gobierno español Rodríguez Zapatero, que protestaba por los calificativos de fascista con que el otro había cubierto, también desde su llegada, a su antecesor y adversario "en las antípodas", José María Aznar. Y la escena en que un iracundo rey Juan Carlos mandó a Chávez a callar, desbordó todos los límites de la diplomacia. La presidenta Bachelet, dueña de la fiesta que se le aguaba, se veía a punto de soltar el llanto, mientras el rey Juan Carlos abandonaba intempestivamente la sesión, ya Daniel Ortega en plan de echar segunda enseñando también los puños y los dientes en beneficio oficioso de Chávez.
¿Un fiasco para Chávez? Dentro de su lógica de ser el centro obligado de la atención, debe parecerle más bien un triunfo, y dentro de esa misma lógica, que tiene necesariamente un sustrato político, el papel de chico malo le resulta una forma privilegiada de heroísmo. ¡Enfrentarse a un rey! Debe acordarse de aquella leyenda ingenua que se cuenta de Bolívar cuando niño, que en pleito con el que sería Fernando VII en el patio de la escuela durante el recreo, prometió botarle un día de la cabeza la corona a pedradas.
¡Hasta dónde le alcanzarán las piedras?

La infancia en peligro

Fuente: Yoinfluyo
Autora: Luz del Carmen Abascal Olascoaga

A propósito del día mundial de la infancia, que se conmemoró el día de ayer, vale la pena hacer un recuento de lo que hemos hecho con la infancia.
Celebramos a los niños, y sin embargo, los maltratamos. Celebramos a los niños, pero los matamos en el vientre de su madre. Celebramos a los niños, pero permitimos que vean programas de televisión nocivos para su salud mental. Celebramos a los niños, pero los explotamos laboral y sexualmente. Celebramos a los niños, pero cada vez los cuidamos menos.

LAS CIFRAS
Según datos del Instituto Interamericano del Niño (IIN), en América Latina al mA propósito del día mundial de la infancia, que se conmemoró el día de ayer, vale la pena hacer un recuento de lo que hemos hecho con la infancia.
Celebramos a los niños, y sin embargo, los maltrataenos 2 millones de niños son explotados sexualmente. El director regional para América Latina y el Caribe de la UNICEF, Nils Katsberg, aseguró que, además, en el 75% de los casos, los abusadores son familiares directos de las víctimas.
Los cálculos del IIN también denuncian la explotación laboral de que son víctimas alrededor de 5.7 millones de niños entre 5 y 14 años (tan sólo en América Latina). Aproximadamente 2 millones se dedican al servicio doméstico, uno de los empleos peor pagados y menos regulados.
La agencia japonesa Kyodo informó que en el país asiático, el año pasado, 124 mil 989 escolares padecieron abusos (principalmente verbales), cifra que representa seis veces más que la del 2005.
En Japón, durante el 2006, seis estudiantes se suicidaron por haber sufrido abusos en el colegio. Según el estudio, el 48.7% de los abusos se registraron en la escuela primaria (de 6 a 12 años), 41% en los últimos años de la educación obligatoria (entre 13 y 15 años), y 9.8% correspondió a los adolescentes que cursaron bachillerato (entre los 16 y 18 años).
De acuerdo con datos de la organización internacional Save the Children, cada día se ausentan o desaparecen de sus hogares tres mil niñas, niños y adolescentes en el continente Americano. El destino de estos infantes: la adopción ilegal, el tráfico de órganos, y la explotación laboral y sexual.

EL PROBLEMA
La pobreza sigue siendo una de las condiciones que más fomenta la vulnerabilidad de los derechos de los niños y las niñas. Es muy común el engaño, vía Internet, de muchos pedófilos y traficantes de niños: se ponen en contacto con los pequeños, les prometen dinero para sus familias a cambio de que “trabajen” para ellos, quedan de verse en algún lugar, y los secuestran para abusar de ellos o para utilizar sus órganos.
La mala información de que son víctimas muchas mujeres también aumenta el problema. Miles de niños son asesinados en el vientre de sus madres, privándoseles del derecho a la vida. ¿Qué celebramos con el día mundial de la infancia, si estamos matando a nuestros niños? En Europa, es preocupante la falta de niños. Si se mantiene la tendencia presente, casi la cuarta parte de la población superará los 65 años hacia el 2030.
Por otro lado, muchos de los contenidos de los medios de comunicación forman parte del problema. Les enseñan a los niños conductas y actitudes inadecuadas, y en no pocas ocasiones lastiman la sensibilidad de los infantes, dejándolos marcados de por vida… Pero los padres que dejan a sus hijos a merced de la “televisión niñera” no tienen menos responsabilidad que los productores de tales contenidos.
Es cierto, cada quien educa –o deja de educar– a sus hijos como quiere, pero entonces no nos quejemos de que “el mundo esté como esté”, o de que los niños, cuando dejan de serlo y se convierten en adolescentes y adultos, no tengan ideales, ni principios, ni busquen el bien personal ni el bien común. No nos quejemos de que los jóvenes no se involucren en la construcción de un mejor país, de un mejor mundo, porque esos jóvenes algún día fueron niños desatendidos, cuando no maltratados, niños a los que se lastimó física y verbalmente, a los que no se les inculcó el respeto y los valores humanos. No nos quejemos de que en un futuro no muy lejano (ya está sucediendo en la Unión Europea) ya no haya niños que educar, ni jóvenes que puedan inyectar de idealismo a la sociedad… Y yo me pregunto: ¿Qué estamos haciendo con nuestros niños?


LA JUSTIFICACIÓN
“Yo nunca he maltratado a ningún pequeño, ni he abortado, ni he abusado sexualmente de ellos”, dirás. Seguramente es cierto… ¿pero acaso puedes conformarte con “no haber hecho algo malo”? Es que tú y yo, y todos los que no nos hemos alzado en contra de estas atrocidades, somos responsables de todo aquello que se ha hecho, como consecuencia de todo lo que se ha dejado de hacer.
Y es que no basta con “no hacer cosas malas”, es preciso “hacer cosas buenas”. De otra manera, nos encerramos en la enorme comodidad y conformismo, y nos sentimos buenos porque “no hemos hecho” nada malo. Ya lo decía Rousseau: “No hacer el bien es un mal muy grande”… Es verdad: “El mal triunfa porque los buenos no hacen nada”.
Así, ¿tú qué has hecho por nuestros niños? Sí, ¡nuestros niños, nuestro futuro! Yo tampoco había hecho nada por ellos… pero nunca es tarde para empezar. Y ahora, ¿qué vas a hacer?

Educar los sentimientos: La fuerza del corazón

Fuente: Yoinfluyo
Autor: Alfonso Aguiló

Aprender a educar los sentimientos sigue siendo hoy una de las grandes tareas pendientes. Muchas veces se olvida que los sentimientos son una poderosa realidad humana, y que –para bien o para mal– son habitualmente lo que con más fuerza nos impulsa o nos retrae en nuestro actuar. Las personas que gozan de una buena educación afectiva suelen sentirse más satisfechas, son más eficaces y hacen rendir mejor su talento natural. En cambio, quienes no logran dominar bien su vida emocional, se debaten en constantes luchas internas que socavan su capacidad de pensar, de trabajar y de relacionarse con los demás. Sobre estas cuestiones entrevistamos hoy a Alfonso Aguiló, autor del libro Educar los sentimientos (Colección "Hacer Familia", Palabra, 1999). Antonio Orozco Delclós

EL OCASO DE UN MITO
-¿Siendo tan importante la educación de los sentimientos, por qué tantas personas consideran el coeficiente intelectual como el principal indicador del talento personal?
-El asunto viene de antiguo. Desde comienzos del siglo XX, se difundió mucho la idea de que el coeficiente intelectual es un dato de partida invariable y decisivo en la vida de una persona.

En breve tendremos para ti los temas anteriores de ESCUELA PARA PADRES en nuestra nueva página
Afortunadamente, esa idea entró en crisis hace ya bastantes años, pues está claro que poseer un elevado coeficiente intelectual puede predecir tal vez quién obtendrá éxito académico –tal como suele evaluarse hoy en nuestro sistema educativo–, pero no mucho más. No es una garantía de éxito profesional, y mucho menos de una vida acertada y feliz.
Hay otras muchas capacidades que tienen más importancia, y entre ellas están las relativas a la educación de los sentimientos, como el conocimiento propio, el autocontrol y el equilibrio emocional, la capacidad de motivarse a uno mismo y a otros, el talento social, el optimismo, la capacidad para reconocer y comprender los sentimientos de los demás, etc.
-¿Y al prestar tanta atención a la educación de los sentimientos, no cabe el riesgo de caer en una educación excesivamente sentimental?-Son cosas distintas. Ser persona de mucho corazón, o poseer una profunda capacidad afectiva, no constituye en sí ningún peligro. Y si lo constituye, será en la misma medida en que resulta peligroso tener una gran fuerza de voluntad o una portentosa inteligencia: depende de para qué se utilicen.
Como es lógico, no se trata de sustituir a la razón por los sentimientos, ni tampoco lo contrario. Se trata de reconciliar cabeza y corazón, tanto en la familia como en las aulas o en las relaciones humanas en general.

RECONCILIAR CABEZA Y CORAZÓN
-¿Y cómo puede buscarse ese equilibrio?
-De entrada, no podemos desacreditar el corazón porque algunos lo consideren simple sentimentalismo; ni la inteligencia porque otros la vean como un mero racionalismo; ni la voluntad porque otros la reduzcan a un necio voluntarismo. La clave está en encontrar una buena armonía.
Por ejemplo, en las últimas décadas se han declarado diversas cruzadas contra diferentes problemas que amenazan nuestra sociedad: fracaso escolar, alcoholismo, embarazos de adolescentes, drogas, violencia juvenil, etc. Sin embargo, una y otra vez se comprueba que suele llegarse demasiado tarde, cuando la situación ha alcanzado ya grandes proporciones y está fuertemente arraigada en la vida de esas personas.
Y eso sucede porque la información, siendo importante, por sí sola suele resolver muy poco. La mayoría de las veces el problema no es propiamente la droga, ni el alcohol, ni el fracaso escolar, sino las crisis afectivas que atraviesan esas personas, y que les llevan a buscar refugio en esos errores.
-¿La solución entonces es educar mejor los sentimientos?-En gran parte sí. Al hombre no siempre le basta con comprender lo que es razonable para luego, sólo con eso, practicarlo. El comportamiento humano está lleno de sombras y de matices que escapan al rigor de la lógica, y que campan por sus respetos moviendo resortes subconscientes de la voluntad y los sentimientos.
-Pero tener mucho corazón a veces también traiciona...
-Está claro que hay numerosos vicios y defectos que pueden coexistir con un gran corazón. Hay gente de mucho corazón que son alcohólicos, irascibles, mentirosos o poco honrados. Pero de modo general puede decirse que la riqueza y la plenitud de una persona dependen en gran medida de su capacidad afectiva.
Lo más propiamente humano es ser una persona de corazón, pero sin dejar que éste nos tiranice. Es decir, sin considerarlo la guía suprema de nuestra vida, sino logrando que sea la inteligencia quien se encargue de educarlo. Educarlo para que nos lleve a apasionarnos con cosas grandes, con ideales por los que merezca la pena luchar. Es verdad que las pasiones hacen llorar y sufrir, pero no por eso han de ser algo negativo, porque ¿acaso se puede dar una buena clase, o sacar adelante un proyecto importante, o amar de verdad a otra persona, desde la indiferencia? Sin apasionamiento, ¿habrían existido los grandes hombres que han llenado de luz y de fuerza nuestra historia, nuestra literatura, nuestra cultura? Educar bien nuestras pasiones nos hace más humanos, más libres, más valiosos.

UNA REALIDAD OSCURA Y MISTERIOSA
-¿Y cree que la educación de los sentimientos es una tarea un tanto descuidada?-Sí. Como ha señalado José Antonio Marina, la confusa impresión de que los sentimientos son una realidad oscura y misteriosa, poco racional, casi ajena a nuestro control, ha provocado en muchas personas un considerable desinterés por profundizar en su educación. Sin embargo, los sentimientos son influenciables, corregibles, estimulables. Pueden modelarse bastante más de lo que a primera vista parece.
Es cierto que la mayoría de los sentimientos no se pueden producir directa y libremente. No podemos generar sentimientos de alegría o de tristeza con la misma facilidad con que hacemos otros actos de voluntad (como gobernamos, por ejemplo, los movimientos de los brazos). Pero sí podemos influir en nuestra alegría o nuestra tristeza de modo indirecto, preparando el terreno en nuestro interior, estimulando o rechazando las respuestas afectivas que van surgiendo espontáneamente en nuestro corazón.
-Algunos consideran que eso es esconder los sentimientos espontáneos para sustituirlos por otros que en realidad no se tienen, y que por tanto son falsos, o al menos artificiales.
-Pienso que no debe verse así, pues lo que se busca no es el falseamiento de los sentimientos, sino construir nuestro propio estilo emocional. Debemos ser protagonistas de nuestra propia vida, en vez de pensar que estamos atados a un inexorable destino sentimental.
Si una persona advierte, por ejemplo, que está siendo dominada por sentimientos de envidia, o de egoísmo, o de resentimiento, lo que debe hacer es procurar contener esos sentimientos negativos, al tiempo que procura estimular los correspondientes sentimientos positivos. De esa manera, con el tiempo logrará que éstos acaben imponiéndose sobre aquéllos, y así irá transformando positivamente su propia vida emocional.
-¿Y los sentimientos influyen en las virtudes?
-Cada estilo sentimental favorece unas acciones y entorpece otras. Por tanto, cada estilo sentimental favorece o entorpece una vida psicológicamente sana, y favorece o entorpece la práctica de las virtudes o valores que deseamos alcanzar. No puede olvidarse que la envidia, el egoísmo, la agresividad, o la pereza, son ciertamente carencias de virtud, pero también son carencias de la adecuada educación de los sentimientos que favorecen o entorpecen esa virtud. La práctica de las virtudes favorece la educación del corazón, y viceversa.

SER BUENA PERSONA
-¿Y qué relación piensa usted que hay entre educación de los sentimientos y educación moral?
-Voy a contestarle partiendo de un ejemplo. Recuerdo una ocasión, hace tiempo, en que un profesor amigo mío, refiriéndose a un alumno suyo de once años, de aspecto simpático y despierto, me decía: «Ese chico es realmente extraordinario, una persona de mucho talento…; es una lástima que no tenga buen corazón. Le gusta distraer a los demás, meterles en líos y después zafarse y quitarse él de en medio. Suele ir a lo suyo, aunque, como es listo, lo sabe disimular. Pero si te fijas bien, te das cuenta de que es egoísta hasta extremos sorprendentes.
Saca unas notas muy buenas, y tiene grandes dotes para casi todo. Lo malo es que parece disfrutar humillando a los que son más débiles o menos inteligentes, y se muestra insensible ante su sufrimiento. Y no pienses que le tengo manía. Es el más brillante de la clase, pero no es una buena persona. Me impresiona su cabeza, pero me aterra su corazón».
Cuando observamos casos como el de ese chico, comprendemos enseguida que debe prestarse una atención muy particular a la educación moral. Y que una buena educación sentimental ha de ayudar, entre otras cosas, a aprender -en lo posible- a disfrutar haciendo el bien y sentir disgusto haciendo el mal.
-Eso no siempre es fácil. ¿Cómo puede lograrse?
-En nuestro interior hay sentimientos que nos empujan a obrar bien, y, junto a ellos, pululan también otros que son como insectos infecciosos que amenazan nuestra vida moral. Por eso debemos procurar modelar nuestros sentimientos para que nos ayuden lo más posible a sentirnos bien con aquello que nos ayuda a construir una vida personal armónica, plena, lograda. Y a sentirnos mal en caso contrario.

EL ATRACTIVO DEL BIEN
-Pero hay ocasiones en que hacer el bien no resulta nada atractivo...-Es cierto, y por eso digo que hay que procurar educar los sentimientos para que ayuden lo más posible a la vida moral. Por ejemplo, si una persona siente desagrado al mentir, y satisfacción cuando es sincero, eso será una gran ayuda en su vida moral. Igual que si se siente molesto cuando es desleal, o egoísta, o perezoso, o injusto, porque todo eso le alejará de esos errores, y a veces con bastante más fuerza que muchos otros argumentos. De ahí la importancia de educar sabiendo mostrar con viveza el atractivo de la virtud y el bien.
-¿Por qué es tan importante esa imagen?
-Si una persona logra formarse una idea atractiva de las virtudes que desea adquirir, y procura tener bien presentes esas ideas, es mucho más fácil que llegue a poseer esas virtudes. Logrará, además, que ese camino sea menos penoso y más satisfactorio. Por el contrario, si piensa constantemente en el atractivo de los vicios que desea evitar (un atractivo pobre y rastrero, pero que siempre existe, y cuya fuerza no debe menospreciarse), lo más probable es que el innegable encanto que siempre tienen esos errores le haga más difícil despegarse de ellos.
Por eso, profundizar en el atractivo del bien, representarlo en nuestro interior como algo atractivo, alegre y motivador, es más importante de lo que parece. Muchas veces, los procesos de mejora se malogran simplemente porque la imagen de lo que uno se ha propuesto llegar no es lo bastante sugestiva o deseable.
-¿Entonces, con una óptima educación de los sentimientos, apenas costaría esfuerzo llevar una vida ejemplar?-Está claro que de modo habitual costará menos. De todas formas, por muy buena que sea la educación de una persona, hacer el bien le supondrá con frecuencia un vencimiento, y a veces grande. Pero esa persona sabe bien que siempre sale ganando con el buen obrar.

El gran espionaje

Enrique Galván-Duque Tamborrel

Desde el "Acuerdo Calles-Morrow" México nunca ha vuelto a ser amenazado por Estados Unidos de manera tan directa como en 1927 pero tampoco se conoce que el espionaje mexicano haya vuelto a dar un golpe tan sensacional como el de 1927.
Incidente. Por salud mental, conviene, de tarde en tarde, alejarse del presente y analizar momentos significativos y positivos del pasado. El Fideicomiso Archivos Plutarco Elías Calles y Fernando Torreblanca (FAPECFT) acaba de cumplir 20 años y está catalogando los documentos –varios cientos- que en 1927 agentes secretos mexicanos sacaron de la oficina del Agregado Militar de la embajada norteamericana en México por órdenes del secretario de Industria, Comercio y Trabajo, Luís Napoleón Morones. El objetivo era que tales escritos sirvieran al presidente Calles como un elemento más para negociar una salida pacífica a la que sería, hasta ahora, la última gran crisis entre México y su vecino del norte.
Los documentos. Los papeles en cuestión son básicamente copias de informes que la agregaduría militar norteamericana elaboró sobre la situación política y militar de México entre el final de su guerra revolucionaria y de los gobiernos de la "dinastía sonorense" –Adolfo de la Huerta, Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles. También están órdenes recibidas por el agregado de sus superiores, memoranda intercambiada entre los embajadores norteamericanos y el Departamento de Estado, informes sobre la situación de la industria petrolera y otras cosas relacionadas.
La Secretaría de Guerra norteamericana tenía entonces –como los tuvo antes y, supongo, los tiene hasta ahora-- planes de contingencia por si era necesario intervenir en México. Al final, la mayoría de esos planes resultan un ejercicio puramente teórico, pero es un hecho que en vísperas de que los espías mexicanos sustrajeran los documentos de la embajada norteamericana, la posibilidad de un choque armado entre México y Estados Unidos era alta, muy alta. La idea del uso de la fuerza la apoyaban el embajador norteamericano, James Rockwell Sheffield --antiguo abogado de empresas como General Electric-- y las compañías petroleras con intereses en México y que consideraban que el nacionalismo revolucionario mexicano era una amenaza a sus inversiones dentro del país pero, sobre todo, fuera, pues el ejemplo podía cundir en otros lugares de Latinoamérica y fuera del continente.
La Litis. Desde que la Constitución de 1917 decretó en su artículo 27 párrafo IV que todo el combustible en el subsuelo era propiedad de la nación, las empresas extranjeras --básicamente norteamericanas y británicas-- señalaron que la medida valía para el futuro pero no para quienes habían adquirido sus derechos bajo el antiguo régimen que explícitamente daba la propiedad de los hidrocarburos en el subsuelo al superficiario. Negarles esa propiedad era un acto retroactivo, contrario a lo expresado por el artículo 14 de la propia Constitución y a la práctica internacional.
Recién llegados al poder, el presidente Calles y Morones --a la vez miembro del gabinete y el líder sindical más importante-- impulsaron una ley orgánica del petróleo que un congreso obediente aprobó en diciembre de 1925. Esa ley señalaba que sólo se reconocerían los derechos adquiridos antes de 1917, y nada más por cincuenta años, en los casos donde las empresas pudieran demostrar que habían realmente ejercido ese derecho mediante un "acto positivo" --es decir que habían perforado y extraído petróleo-- pero no en terrenos mantenidos como reserva, donde la propiedad del combustible no extraído retornaría a la nación. Finalmente, en todos los casos, las empresas deberían de cambiar sus títulos originales por "confirmatorios".
En 1926 el petróleo mexicano ya no era tan importante para el mercado mundial pues en cinco años la producción había caído más del 50%. De todas formas, dejar a México salirse con la suya, sentaría un precedente internacional muy negativo. Por ello, concluido el plazo de un año dado por la ley, las empresas, apoyadas por sus gobiernos y sesenta amparos, no acataron lo dispuesto por el gobierno mexicano. En abril de 1927 y por la fuerza, las autoridades mexicanas detuvieron trabajos de exploración de ciertas empresas, aunque no se atrevieron a suspender la producción misma. Los que apoyaban una reacción dura contra la impertinencia nacionalista mexicana, consideraron llegado el momento de responder con la fuerza.
El Entorno. Tras los cambios producidos por la I Guerra, Estados Unidos era la única gran potencia con capacidad y voluntad para intervenir en América Latina. En los 1920 el presidente Calvin Coolidge y el Partido Republicano se había manifestado dispuesto a intervenir "en cualquier parte del globo en donde el desorden y la violencia amenacen los pacíficos derechos de nuestro pueblo." El ambiente dominante en Washington era francamente conservador, intervencionista y contrarrevolucionario. Esto dos últimos puntos eran importantes porque justo entonces el Departamento de Estado publicó un "Libro Blanco" titulado "Los objetivos y las políticas bolcheviques en México y América Latina" y dos mil marines apoyaban a los conservadores en Nicaragua. México parecía ser el siguiente destino de las tropas norteamericanas para asegurar el imperio de la ley y el orden, aunque había un problema: la fuerza invasora tendría que ser 50 o cien veces superior a la enviada a Nicaragua.
Desde el 12 de junio de 1925, Washington había advertido que dejaría de apoyar al gobierno de México si éste no protegía la vida e intereses de los norteamericanos en su territorio. En noviembre de ese año, el embajador Sheffield, en carta personal al rector de la Universidad de Columbia, le confió que, en su opinión, "al final de cuentas [los mexicanos] no reconocen más argumentos que la fuerza". A nadie extraña que el 31 de marzo de 1927, el embajador advirtiera a sus superiores que Calles sólo detendría su política "radical" cuando Estados Unidos le pusiera un alto y que la interferencia en los pozos de exploración marcaba la coyuntura apropiada para ponérselo.
La Invasión que no se dio. En 1927 México vivía la guerra cristera y el liderazgo revolucionario estaba dividido, pues los generales Arnulfo R. Gómez y Francisco Serrano se preparaban para actuar contra el dueto sonorense de Obregón y Calles. Si en condiciones normales el gobierno mexicano no podía resistir un ataque norteamericano, en las de 1927 menos. Sin embargo, para los "halcones" como Sheffield la situación tampoco era fácil. Una nueva "expedición punitiva" contra México requeriría muchos recursos y enfrentar la posibilidad de una guerra de guerrillas prolongada. En el congreso de Estados Unidos, los demócratas declararon que no estaban dispuestos a apoyar otra aventura militar más en América Latina.
En esta coyuntura, Calles propuso someter la controversia petrolera a un arbitraje internacional. Pero también advirtió que tenía en su poder esos documentos que hoy están a en el FAPECFT, y que si los norteamericanos desembarcaban en México, las tropas mexicanas incendiarían los pozos petroleros antes de retirarse y los documentos se harían públicos en el exterior para que el mundo se diera cuenta de que esa invasión se había planeado de tiempo atrás y con propósitos claramente imperialistas: para apoyar a empresas abusivas y contra los justos reclamos mexicanos.
Las documentaciones extraídas de la embajada norteamericana por el "agente 10-B" y que hoy se pueden consultar lo mismo en el FAPECFT que en los Archivos Nacionales de Washington, son comunicaciones internas del gobierno norteamericano que revelan claramente dureza y prepotencia –en particular del embajador Sheffield. Por si mismos, no explican el cambio tan grande que entonces tuvo lugar en la política de Washington hacia México, pero sí arrojan luz sobre este cambio si se les mezcla con la falta de apoyo de los demócratas y el costo de la invasión.
En el momento crítico, Coolidge cambió a su embajador por otro que dio un giro político de 180°. En efecto, Dwight Morrow, un banquero más interesado en que México pagara su deuda y menos en defender el petróleo, decidió que el mejor camino a seguir era cooptar a la Revolución Mexicana, ceder algo para conservar mucho. Así, aceptó que las empresas petroleras tuvieran que cambiar sus títulos originales por confirmatorios a cambio de que fueran a perpetuidad y se definiera de manera más ligera lo de "acto positivo". Morrow se ganó la voluntad de Calles al punto que la propia embajada redactó el proyecto de una nueva ley petrolera, misma que el obediente congreso mexicano pasó cuando Calles lo ordenó.