lunes, 21 de abril de 2008

Los municipios deben tener más atribuciones cada día

Fuente: Yoinfluyo.com
Autor: Enrique Galván Duque Tamborrel

El municipio, célula básica del régimen federal, adquiere un papel de mayor trascendencia a partir de las atribuciones que le confiere la Constitución Política de los Estados Unidos mexicanos en el texto reformado de su artículo 115.

El significado de estos cambios reside en que, en la distribución de competencias, se reserva un campo específico de facultades para los municipios proporcionando las bases para una participación más activa en la promoción de su desarrollo, en el de la entidad federativa a que pertenecen y en la del país en general.

El desarrollo urbano, una de las áreas en las que se ha ampliado el campo de intervención municipal, guarda estrecha relación con el desarrollo económico y social. Aporta los instrumentos para regular la distribución de la propiedad y de la población; proporciona la material para el desenvolvimiento de las actividades urbanas; establece las modalidades para el aprovechamiento
del espacio y la infraestructura urbana y cuida el equilibrio de todos los elementos componentes de la estructura urbana.

La administración municipal podrá participar con eficacia en estos procesos en la medida en que cuente con apoyos prácticos que le auxilian en el desempeño de sus funciones. Es por esto que resulta interesante la posición que asumieron algunos legisladores sobre el dictamen que reforma el artículo 9-A de la Ley de Coordinación Fiscal.

Se dice que: El municipio es ayuntamiento de voluntades y atmósfera de libertad. Existe mucha gente que siempre han tenido una visión claramente federalista, pero más allá a favor del fortalecimiento de los municipios. De ahí resulta que los legisladores que los representan apoyaron y felicitaron esta reforma por la que tanto se ha luchado, la que tanto han buscado todos aquellos que han estado en el trabajo federalista y a favor de los municipios.

No se reduce simplemente a que al municipio se le otorguen dineros, se tiene que ver también que los municipios cada día vayan teniendo mayores atribuciones y mayores libertades. No se puede dejar de mencionar en esta lucha a aquel alcalde de Ciudad Juárez, señor Villarreal, 1995, 30 días en huelga de hambre luchando por los derechos no de su municipio, no por un peso de un puente de peaje en su localidad, sino a favor de todos los municipios de México.

En sesión ordinaria de la Cámara de Diputados en la pasada Legislatura, un legislador del PAN dijo: “Es por eso que debe reforzarse el apoyo de este dictamen ---haciendo referencia a la iniciativa de reforma al artículo 9-A de la Ley de Coordinación Fiscal--- en el cual todas las legisladores del honorable Congreso de la Unión deberán sumarse como un primer paso para seguir adelante en el fortalecimiento de los municipios, en el fortalecimiento de los estados, porque debemos recordar que toda aquella función que lleva a cabo el municipio repercute a favor de los ciudadanos”.

No hay gobierno más cercano ni hay autoridad que esté más de la mano de los ciudadanos que el gobierno municipal, no habrá lugar alguno en esta patria donde se dé más la democracia que en un municipio, es ahí donde están nuestros parques, nuestros jardines, donde están nuestras calles, es ahí donde nosotros tenemos que seguir luchando y volteando.

Por eso todos los ciudadanos debemos ver con mucho gusto la referida reforma al Ley de Coordinación Fiscal para que los municipios vayan teniendo mejores condiciones económicas, pero también alentar a los legisladores para que a través de muchas reformas más se pueda lograr ese municipio digno que todos deseamos, esa vida libre que nos ayude a salir adelante en esta nación.

La reelección legislativa y la calidad de nuestra democracia

Fuente: Yoinfluyo.com
Autor: Enrique Galván-Duque Tamborrel

“Es preferible la peor Cámara que la mejor camarilla”
Querien Vangal


No es ningún secreto que numerosos sectores de la población no se encuentran satisfechos con la nueva realidad política de México; diversas encuestas nos muestran que muchos no se sienten representados por sus legisladores e incluso algunos estiman que la democracia no solamente no ha traído consigo mejores condiciones de vida, sino que, por el contrario, ha dejado tras de sí una estela de ineficacia y parálisis de la que no se vislumbra, de momento, ninguna salida. El altísimo abstencionismo de las últimas elecciones es un buen ejemplo de esta percepción: la gente no acude a las urnas porque cree que su voto sirve para muy poco.

De esta manera, es necesario que nuestra democracia se traduzca en mayores niveles de bienestar; urge, pues, una democracia eficiente, responsable y de calidad.

Una de las posibles medidas para conseguir lo anterior sería otorgarle al ciudadano el derecho de juzgar a sus representantes y decidir no solamente si son aptos para ocupar ese puesto, sino también si, una vez detentándolo, merecen permanecer en él. Esto podría lograrse si se aprobara una reforma constitucional que permitiera la reelección inmediata de los legisladores.

La posibilidad de que los legisladores se reeligieran generaría que éstos se volvieran mucho más responsables, ya que tendrían incentivos a hacer un buen trabajo legislativo y de gestoría para que sus electores volvieran a votar por ellos en la siguiente elección. Quedarían atrás esos políticos que sólo aparecen en sus distritos en tiempos de campaña prometiendo el sol, la luna y las estrellas pero que, una vez en el escaño, obedecen ciegamente los lineamientos de la cúpula de su partido y se olvidan de su electorado. De hecho, de existir la posibilidad de la reelección, las campañas de los candidatos a diputados y senadores se basarían más en hechos que en promesas, y la presión del oponente y aspirante a ocupar el mismo cargo provocaría que el titular hiciera un trabajo mucho más eficiente.

Así, por increíble que parezca, tendríamos diputados y senadores con un permanente contacto con su base electoral. Esto ocasionaría que nuestro Congreso fuera mucho más profesional, ya que sus integrantes, fuera cual fuera su origen social, se especializarían mucho más en los temas públicos y en los problemas de sus distritos y comunidades al poder permanecer más de un período en las Cámaras. Se elevaría la calidad de nuestras leyes y habría muchas más probabilidades de acuerdos entre los miembros de los diferentes partidos al ampliar el horizonte temporal de los mismos y convertir sus interacciones en permanentes y de largo plazo.

Christlieb Ibarrola como presidente y legislador del PAN impulsaba la reelección de los legisladores con los siguientes argumentos: “La reelección de los miembros del Congreso que en México fue tradición constitucional iniciada en 1824, sólo fue rota en 1933 para quebrantar al Poder Legislativo en beneficio del Ejecutivo, sin que las tendencias políticas de la Revolución siquiera se hubieran enfilado hacia la no reelección de diputados y senadores. Este quebranto no sólo se buscó contra la institución del Congreso, sino también contra los hombres que lo integran...”

“La no reelección de los diputados y senadores, contraria a la teoría democrática, encierra una restricción a la libertad del voto, si se toma en cuenta que la reelección de los miembros del Congreso implica un refrendo popular a los representantes que tienen capacidad y espíritu de servicio. Un Congreso con núcleos de diputados y senadores enterados y capaces, no sólo no atenta contra la división de poderes, sino que es supuesto necesario para el equilibrio que el sistema requiere.”

“La necesidad de legisladores experimentados resalta si recordamos que entre los argumentos más usuales para centralizar el poder en el Ejecutivo del Estado moderno, está el del carácter cada día más técnico de la legislación, que requiere el trabajo de especialistas con los que el legislativo rara vez cuenta, y menos contará, si sus miembros no tienen opción para hacer carrera parlamentaria. Si el Congreso no puede ver fructificar en la práctica el estudio y conocimiento de los problemas del país, por razón de la renovación constante de sus miembros, serán la institución misma del Poder Legislativo y el equilibrio entre los poderes los que habrán de sufrir merma… En México, difícilmente se formarán personalidades políticas parlamentarias en periodos breves, pues sólo hacen carrera política quienes, hayan o no sido legisladores, logran alcanzar un puesto prominente en la administración pública. De personalidades políticas parlamentarias –en bien de México- están urgidos todos los partidos…” (Christlieb, Crónicas de la No Reelección, “Las Razones de la Sinrazón”, 1965).

Cierto es que hay aspectos que habría que revisar de una posible reforma reeleccionista. Pero cualquier problema que con la misma arribara no sería mayor que los que ahora existen precisamente por su ausencia.

El tema del juicio ciudadano mediante la reelección ha llegado para quedarse en la agenda política de México. Hay cada vez un clima de opinión más favorable hacia el mismo: hace algunas semanas nos enterábamos, precisamente, de la constitución de una asociación de académicos que, bajo el nombre de Red Mexicana por una Democracia de Calidad, pretende impulsar el tema. Esperemos que llegue a buen puerto para que nuestra vida política gane en eficiencia, eficacia y responsabilidad.

Carta abierta del Pueblo Mexicano

Por: Francisco Martín Moreno

No existe ningún mexicano, medianamente sensato, que no esté de acuerdo con tu tesis consistente en que 'Primero los Pobres'.

¡Claro que primero los pobres! ¿Quién puede oponerse a semejante propósito político y social?
Quienes realmente queremos a este país deseamos elevar a la altura mínima exigida por la dignidad humana, a todos aquellos compatriotas que carecen de lo estrictamente indispensable.
¡Claro que queremos educación para todos! ¡Claro que queremos bienestar para toda la nación!
¡Claro que queremos un ingreso per cápita de cuando menos 30 mil dólares al año para cada mexicano!
¡Claro que queremos apagar todas las mechas encendidas, que no hacen sino atentar en contra de la estabilidad y del desarrollo en general del país! ¡Claro que queremos aumentar el ingreso, pero a través de la productividad y no a través de decretos ya conocidos que disparan la inflación con todas sus consecuencias!
¿Quién no desea ayudar los indios de México?
¿Quién no desea alfabetizarlos?
¿Quién no desea contener la emigración de cientos de miles de mexicanos a los Estados Unidos?
¿Quién no quiere agua potable, televisión, estufas, piso de concreto y paredes de ladrillo en cada familia mexicana?
Querido Andrés: todos coincidimos en la necesidad inaplazable de rescatar a los marginados, sólo que yo no coincido contigo en las estrategias que has planteado para rescatarlos de la miseria.
Entiende que la única célula generadora de riqueza es la empresa y los empresarios, a los que tú llamas hambreadores del pueblo o parásitos sociales, son los agentes operadores del bienestar. La práctica lo ha demostrado. Mientes.
Todos coincidimos con el fin, pero la mayoría no está conforme con tu método. Se vio en las urnas. Ni partiendo el sueldo de los funcionarios públicos a la mitad ni evitando la corrupción que devora lo mejor de nuestro país, podremos generar la suficiente riqueza para crear los empleos que requiere México, la herramienta más eficaz para ayudar a los pobres que tanto nos preocuparan.
Tu diagnóstico está equivocado. Un gobierno encabezado por ti jamás creará los empleos que requiere México ni extinguirá las mechas encendidas, ni impulsará la recaudación tributaria indispensable para que el gobierno aumente significativamente el gasto en Desarrollo Social.
Nadie con dos dedos de frente podría aceptar que tus tesis económicas ayudarán a la capitalización de las empresas ni estimularán la investigación tecnológica, ni ampliarán los mercados, ni estimularán la competitividad en el comercio internacional, ni abaratarán costos de producción, ni propondrán alternativas inteligentes para modificar el TLC, dando los pasos adelante necesarios para acercarnos, poco a poco, al esquema de una Comunidad Económica de Norteamérica.
No tienes ningún derecho en detener a la inversión extranjera ni a la doméstica, que tanto necesitamos para prosperar.
No tienes justificación para espantar a los capitales que vienen a ayudarnos a construir un México mejor.
Careces de elementos, nunca los tendrás, para estimular el odio entre todos los mexicanos, ni para polarizar este país,
Ni para crear trincheras entre todos nosotros únicamente para dividirnos, la única condición en que los mexicanos
Hemos sido históricamente derrotados.
Tú no representas a la izquierda, sino al más catastrófico populismo, del que yo no quiero jamás volver a acordarme.
Izquierda era la de Mitterand, la de Felipe González, es la de la Bachelet, a diferencia de la supuesta izquierda de Chávez o la de Castro, quien ha impuesto la 'felicidad' con la fuerza de las bayonetas...
No, no Andrés, para ti es irrelevante el incendio de todo lo mío, la destrucción de todo lo que he construido en los últimos siete Siglos. Es claro que no te importa que nos volvamos a incendiar como en 1810, en 1858 o en 1910, siempre y cuando tú puedas compensar los vacíos sicológicos que se remontan a tu infancia.
No, Andrés, ese no es el camino. Si el padrón federal lo integran 72 millones de electores y de ellos sólo 14 votaron por ti, entonces 58 millones no te quieren en la Presidencia, o sea más del 80 por ciento te rechaza como jefe del Ejecutivo.
Antepones tu bienestar personal al mío. Deseas intimidar a las autoridades judiciales mediante la protesta callejera. No quiero un Mussolini mexicano que acepte la ley siempre y cuando le beneficie y que rechace a la Constitución por ser una herramienta a favor de la burguesía. La mayoría somos consientes de nuestras debilidades económicas y sociales, sólo que hemos decidido no convocarte a ti para resolver los difíciles problemas que nos aquejan.
Abandona el llamado a la violencia. Abstente de erigirte como intérprete de la voluntad popular y resígnate a aceptar tu derrota.
La mayoría de los mexicanos no te quiso en la Presidencia de la República, porque lejos de ayudar a los pobres los hundirás más en la desesperación hasta que volvamos a matarnos con las manos entre nosotros mismos.
Atentamente

El Pueblo de México

Dictadura del relativismo

Dos varas y dos medidas
Fuente: Yoinfluyo.com
Autor: Federico Müggenburg

Se ha puesto de moda hablar de lo “políticamente correcto” como de un acierto de “consenso social”, y a contrario sensu, de lo “políticamente incorrecto” como de un “desacierto socialmente reprobable, condenable o intolerable”. Los autores de esta dicotomía están ubicados entre los promotores de la “nueva dictadura del relativismo”, quienes imponen: “no hay principios de valor universal, ni existe doctrina alguna con validez vinculante en la sociedad, eso corresponde a una época superada, en la que a causa de la ignorancia, imperaba el dogmatismo, la intransigencia y la falta de libertad”. Personas con esos criterios reciben el influjo de cierto tipo de instituciones mundiales muy exclusivas, como el “Consejo para los Asuntos del Exterior”, con sede en la Unión Americana, o el “Club de los Banqueros de Bildelberg” con sede en la Unión Europea.
Ambas instituciones de afiliación selectiva y de opacidad consistente, se hacen presentes en los foros internacionales de gran renombre como la ONU, la UNESCO, el FEM (Foro Económico Mundial), fundado en Davos, Suiza, en enero de 1971 (ha realizado 37 sesiones anuales ininterrumpidas), o la llamada “Comisión Trilateral”, fundada en Tokio en octubre de 1973 (ésta sesiona cada nueve meses, lo que significa que ha realizado 47 sesiones desde su creación).
El “clima cultural” de dichas entidades, por llamarlo de alguna manera, se funda en lo que ellos llaman “la laicidad”: modelo mental, o mejor dicho “ideología”, que pretende establecer un modelo social, político y económico en el que no tenga cabida ningún principio religioso, tema que debe quedar reducido al ámbito estrictamente privado o personal.
Algunos de sus promotores se cuidan de no parecer sectarios, evitando ser etiquetados como “liberales jacobinos trasnochados del siglo XIX”. Pero a otros no les importa esa identificación, es más, la buscan con singular entusiasmo. Los más importantes medios masivos de comunicación, sobre todo de nivel internacional, no han podido sustraerse a estas influencias.
Un ejemplo paradigmático es el del famoso diario francés Le Monde, que habiendo nacido como una cooperativa periodística, que para algunos románticos servía de ejemplo imitable, hoy es una avasalladora sociedad anónima, de la que el grupo español “Prisa” (también dueño de El País), tiene ya casi el 30 por ciento de las acciones.
No es posible dejar de señalar las crisis recurrentes y las consecuentes renuncias en la directiva del cotidiano francés, causadas por denuncias comprobadas de graves procesos de corrupción. En estos días, van a liquidar a buen número de colaboradores, por “quiebra técnica”.
En el número 19653 de Le Monde (desde hace tiempo reducido a 24 páginas de noticias generales y 8 de noticias económicas), de fecha 30-31 de marzo de 2008, se publicó una nota que abarca casi la cuarta parte de la página 9, encabezada así: “La construcción de un Santuario de mártires en Guadalajara, despierta a la laicidad mexicana”.
Lo usual es que esporádicamente aparezcan en ese diario notas sobre México, que no pasan de dos o tres centímetros de altura, por el ancho de una columna. Por razón de espacio sólo es posible transcribir el último párrafo: “En el cotidiano liberal Reforma, el editorialista Sergio Sarmiento no se priva de criticar al «muy católico» gobernador de Jalisco, que se reúne una vez por semana con sus funcionarios, en la sede del gobierno, para estudiar en privado la Biblia. Que los representantes del Estado mexicano asuman su fe y rompan con la «hipocresía» de los gobernantes del pasado no es en sí peligroso, señala él. Pero la «línea de lo inaceptable» es rebasada, según él, cuando se emplea dinero de los contribuyentes para apoyar a instituciones religiosas”.
Es interesante ver la calificación de Le Monde sobre Reforma –diario liberal–, cuyo Presidente del Consejo de Administración, es uno de los once mexicanos que desde marzo de 2004, pertenecen al selecto grupo de los 300 integrantes de la “Comisión Trilateral”, y que además sea uno de sus periódicos el que sistemáticamente ironiza y se burla sobre los gobernantes que no ocultan su credo religioso.
El autor de la nota de Le Monde, Joëlle Stolz, parece ignorar la actual legislación mexicana y lo que significa aportar a una “asociación civil”, distinta de una “asociación religiosa”, así como desconocer la historia reciente de México, que ofrece un brutal contraste entre una “aportación transparente”, como la del Gobernador de Jalisco, Emilio González –que fomentará el turismo religioso y generará una derrama económica, creando dos mil empleos directos y diez mil indirectos–, y la “aportación opaca” que el gobierno de Luís Echeverría hizo en 1975-76, para acelerar la construcción de la nueva Basílica de Guadalupe, con la osada pretensión de que viniera a inaugurarla el Papa Paulo VI, a quien pretendía uncir a su proyecto para obtener el Premio Nobel de la Paz, o al menos la Secretaría General de la ONU, debido a que él creía, genial, fundamental e histórica su “Declaración sobre los Deberes y Derechos Económicos entre los Estados”.
De esta “aportación opaca” también debería rendir cuentas el “abad incrédulo”, Mons. Guillermo Schulenburg, quien se enriqueció en forma ilegítima, a más no poder, al tiempo que negaba las apariciones de la Virgen de Guadalupe y la existencia de San Juan Diego.
Bien se aprecian las “dos varas y dos medidas” de los que imponen sus opiniones “políticamente correctas”, contra las actuaciones de políticos que no practican la hipocresía dual de “decir una cosa y hacer otra”, y que son señalados por los “dictadores del relativismo” de ser “políticamente incorrectos y peligrosos”.
Quizá habrá que empezar a desempolvar la historia de los orígenes de la propiedad de algunos grandes medios de comunicación, y las fotos de los que se atropellaban unos con otros para lograr ser fotografiados dándole la mano al Papa Juan Pablo II, que encareciera como mandato de la Nueva Evangelización: “Encarnar la fe en la conciencia y en la vida social”, lo que significa que la fe religiosa no puede quedar reducida al ámbito de lo privado.


sábado, 19 de abril de 2008

Apóstoles de la Democracia


Fuente: Yoinfloyo.com
Autor: José J. Castellanos

En julio de 2006 parecía que México había naufragado en su transición democrática. Con una velocidad que no ha conseguido repetir en su proceso electoral interno, el PRD adivinó que era víctima de fraude electoral la noche misma del día de la elección. Fue tal su capacidad logística para obtener la información, que hasta dio el número de votos que le era esquilmado.
A partir de ese momento, y sin prueba de ninguna especie, inició una cruzada por la democracia que requirió invadir de casas de campaña vacías el centro de la ciudad de México, enviar a burócratas del DF a simular la toma de las calles y vociferar a través de los medios de comunicación el despojo de su victoria mediante el fraude electoral.
Los medios de comunicación, esos que se dice que bloquean la presencia del candidato “fraudeado”, víctima de sucesivos “complós”, se dieron a la tarea de difundir con amplitud el dicho y a posicionarlo ante la opinión pública, hasta volverlo realidad virtual. El efecto fue construir un fantasma virtual que deambula por allí, con el respaldo de un partido “democrático” que en una dualidad inexplicable, validó la misma elección para convertirse en la segunda fuerza en el Congreso, pero rechazó el resultado adverso en la elección presidencial.
El PRD se convirtió en la nueva oficina del apostolado democrático, fundado en la verborrea de un hombre, a pesar de carecer de autoridad moral en su vida interna: sucesión tras sucesión interna en su dirigencia, los perredistas se han proyecto ante la nación como herederos sublimados de la chapucería electoral del PRI, liderada, precisamente, por las fuerzas desertoras del tricolor, que han encontrado singular acogida en la “Revolución Democrática”.
En medio del ruido electoral del 2006, y ante la incapacidad de una dirigencia panista en el Distrito Federal para organizar la vigilancia del proceso en donde el perredismo ha fincado su mayor fuerza política, pasó desapercibido el fraude electoral que el PRD realizó en algunas delegaciones del Distrito Federal, aprovechando el porrismo político y el apoyo de la fuerza política del Gobierno del DF, encabezado entonces por Alejandro Encinas.
El PAN fue incapaz de levantar la voz, ser oído y demostrar cómo en algunas casillas a sus representantes ni siquiera se les dejó acreditarse y ser testigos de la forma como se implementó el fraude local. Fue peor que el fraude agrario del pasado, pues estuvo fincado en la fuerza de quienes, después, se han manifestado continuamente como grupo de choque del partido en las concentraciones del zócalo, los cercos al Congreso, las invasiones a la Catedral Primada y la agresión a diversas personas.
La democracia perredista, copiada del lema tapatío, es cultura: “el PRD nunca pierde, y cuando pierde, arrebata”. Sólo que hoy esta cultura se vive “ad intra” entre los dos candidatos que prometieron –como en 2006– aceptar los resultados de la elección, aunque les fueran adversos. Hoy se aplican la misma medicina, con la misma receta que es cultura propia.
La evidencia no requiere demostración. Hoy, los perredistas nos muestran su cultura política, sin distingos. Lamentablemente la izquierda que dicen representar es la troglodita, no la democrática. El diálogo y el debate que prometen no existe. Por desgracia ese es el PRD que inunda con sus falacias y mentiras el ambiente nacional, cuando está por discutirse la reforma energética.
Son pocas o muy débiles las voces sensatas del PRD; parecen marginadas o tímidas, pues cuando se pronuncian les puede ir como a Ruth Zavaleta, quien sufre un verdadero acoso intelectual, político, y quizá hasta de género en su partido.
Muchos que pusieron su esperanza en ese partido en 2006, pese a las advertencias que recibieron, hoy pública o privadamente se muestran arrepentidos. Sin embargo, las escuadras del fascismo femenino están alertas –previa cuota que asegura su fidelidad clientelar– para movilizarse en la toma del Congreso e impedir el debate de la reforma energética, diga lo que diga la iniciativa, pues se tenderá una cortina de palabrería sobre ella para engañar a la opinión pública “en defensa de la soberanía nacional”.
Esos son los nuevos apóstoles de la democracia.


¿Venceremos o nos derrotaremos?

Fuente: Yoinfluyo.com
Autor: Enrique Galván-Duque Tamborrel


Hay cristianos que viven de modo heroico. En medio de un ambiente hostil, con una extraña sensación de ser distintos, casi como fósiles de un pasado moribundo, mantienen una fe ardiente y vigorosa. A pesar de críticas, incomprensiones, abandonos, traiciones.

En muchas ocasiones surge en nosotros este sentimiento: el mundo no nos acoge, el mundo nos odia. El mundo quisiera que dejásemos de ser sal, que empezásemos a asimilar el modo de pensar de quienes dirigen el pensamiento global o de quienes sólo creen en el “valor” de la epidermis y de las cuentas bancarias.

En los momentos difíciles hay que aferrarse a la esperanza: la victoria llegará. Cristo nos invita a no tener miedo, y no podemos dejar que triunfe la desesperanza.

Pero la lucha se hace larga, la soledad parece abrumadora, y llega el cansancio. Nuevamente, miramos al futuro, como quien desea tiempos mejores, como quien busca una ruptura entre las nubes para suspirar por un sol que parece descansar por más tiempo del debido.

Los profetas de desventuras ven el horizonte negro, desean degollar esperanzas. Nos repiten que los jóvenes ya no creen, que las familias se rompen cada vez en menos tiempo, que no nacen hijos, que la buena fe ya no existe. Vemos cómo son criticados y martirizados lentamente, en la vida pública y en algunos medios de comunicación, quienes aún se atreven a dar testimonio de su fe. Nos duele el observar que presumen de ser felices quienes actúan abiertamente contra el bien común, como si el negar a Cristo, el renunciar a Dios, liberase y diese paz y progreso.

En el siglo pasado hemos vivido revoluciones cuyo programa común fue no esperar nada de Dios, sino tomar totalmente en las propias manos la causa del mundo para transformar sus condiciones. Y hemos visto que, de este modo, un punto de vista humano y parcial se tomó como criterio absoluto de orientación. La absolutización de lo que no es absoluto, sino relativo, se llama totalitarismo.

Ante este panorama, no debe temerse al afirmar la certeza de la victoria verdadera, la que viene de Dios y no de las intrigas humanas: “No son las ideologías las que salvan el mundo, sino sólo dirigir la mirada al Dios viviente, que es nuestro creador, el garante de nuestra libertad, el garante de lo que es realmente bueno y auténtico. La revolución verdadera consiste únicamente en mirar a Dios, que es la medida de lo que es justo y, al mismo tiempo, es el amor eterno. Y, ¿qué puede salvarnos, si no es el amor?”

Ante las olas del ateísmo y del indiferentismo, ante las ideologías del poder o del placer, hemos de tomar la mano de Cristo. Más aún, hemos de recordar que la victoria no está por llegar, sino que ya ha llegado: fue el día de la Pascua. ¡Cristo está vivo! La certeza cambia los horizontes, llena el corazón de energía, da paz ante la hora de la prueba. Una certeza que enciende sonrisas en los mártires de los mil patíbulos del planeta, que llena de estupor a los amigos del “progreso” y de la vida fácil.

Aunque la noche del mal cante victorias aparentes. Aunque los enemigos de la Luz celebren la llegada de tinieblas mal llamadas “modernidad” y “liberación”. Aunque los reflectores apunten a estrellas fugaces que nada saben del valor de la humildad, de la pureza, de la misericordia.

Ya hemos vencido con Cristo. Aquí radica nuestra fe y nuestra certeza. Aquí encontramos la fuente de nuestra alegría y de nuestra intrepidez. Aquí nace la energía que nos permite testimoniar que el Amor es la última palabra de la historia, la salvación más profunda que todos deseamos. “Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos creído en él”.

Don José Vasconcelos Calderón

Fuente: Yoinfluyo.com
Autor: Enrique Galván-Duque Tamborrel

“Toda la obra de la educación no es más
que una superación ética de los instintos”.

Todo finalmente cae por su propio peso. Así, en el caso del insigne Maestro oaxaqueño, después de que los regímenes “revolucionarios” lo anatematizaron durante mucho tiempo, y mantuvieron marginada su valiosa obra literaria, ahora, poco a poco pero con paso firme, se va restaurando su imagen y presencia en todos los campos de la cultura mexicana, principalmente en la filosofía y la educación, en donde debe tener, por mérito propio, un lugar sobresaliente. Durante la pasada legislatura se dio entrada en sesión ordinaria de la Cámara de Diputados a una iniciativa para que su nombre sea inscrito con letras de oro en el Muro de Honor del Palacio Legislativo de San Lázaro, al lado del de otros próceres que en él figuran y en dónde --dicho sea de paso-- ni están todos los que son, ni son todos los que están, pero hasta la fecha se mantiene en el congelador, el famoso frigorífico que sólo los legisladores entienden, pero que para la ciudadanía es una burla.

El ilustre abogado, maestro, historiados, filósofo, escritor y político José Vasconcelos Calderón nació el 27 de febrero de 1882 en la Ciudad de Oaxaca. A su paso por la Secretaría de Educación --por él creada-- imprimió una de las etapas culturales y educativas más importantes en nuestro país. Discípulo de Justo Sierra, formó parte del Ateneo de la Juventud, en donde impulsó una corriente crítica y de renovación ideológica y política. Con Alfonso Reyes, Antonio Caso entre otros, trascendió al positivismo en la búsqueda de otros órdenes autónomos de la vida natural, el arte de lo humano y la región del espíritu.

Fue rector de la Universidad Nacional de México del 9 de junio de 1920 al 12 de octubre de 1921, periodo durante el cual organizó un programa editorial abocado a la divulgación de los autores clásicos hacia amplias capas de la sociedad; se adoptó el escudo actual de la Máxima Casa de Estudios, de cuyo lema “Por mi raza hablará el espíritu”, es autor, revelando con ello la vocación humanística con la que fue concebida. “El Maestro de América” --como se le nombraba y era conocido en toda la América hispana-- señaló que ese lema “significa la convicción de la raza nuestra elaborará una cultura de tendencias nuevas, de esencia espiritual y libérrima”. En el mismo contexto, el escudo universitario en el cual el águila mexicana y el cóndor andino, cual ave bicéfala, protegen el despliegue del mapa de América Latina, desde la frontera norte de México hasta el Cabo de Hornos, plasmando la unificación de los iberoamericanos: “Nuestro continente nuevo y antiguo, predestinado a contener una raza quinta, la raza cósmica, en la cual se fundirán las dispersas y se consumará la unidad”, señaló durante su presentación. Fue una época en donde las aulas universitarias cobraban un cambio trascendental bajo su influencia, toda vez que se propiciaba el desarrollo de las actividades humanísticas de tal forma que se organizaban los intelectuales más destacados, miembros del Ateneo de la Juventud, para organizar actividades de difusión cultural para instruir a obreros y empleados, como parte de un proceso democrático. De esta manera, los estudiantes universitarios se convirtieron en maestros honorarios enseñando a leer y escribir en las calles de las ciudades.

El Presidente Álvaro Obregón lo designó Secretario de Educación Pública el 20 de julio de 1921, cargo que desempeñó durante tres años. Desde ahí desarrolló una verdadera cruzada nacional a favor de la educación popular, siendo su proyecto más importante: salvar niños, educar jóvenes, redimir a los indios, ilustrar a todos y difundir una cultura generosa y enaltecedora ya no de una casta sino de todos los hombres. De esa forma se dio inicio a un ambicioso proyecto educativo que vinculaba la actitud liberadora de la educación el nacimiento de una civilización lograda a través del mestizaje que daría a luz al espíritu de exaltar los más altos valores de la condición humana. Educar significaba, para él, un proceso armonizador para favorecer la libertad y la democracia; así, como parte de éste, puso en marcha su proyecto para alfabetizar a la población rural, al mismo tiempo se procuraba elevar el nivel cultural del país.

Su ideología se orientaba a atacar a la barbarie que nuestro pueblo padecía desde la colonia, para lo cual enalteció la educación popular; convirtiéndose así en el redentor ante un estado de miseria, ignorancia e incultura en que la historia, y la recién terminada revolución, habían colocado a la inmensa mayoría de los mexicanos. Para conseguir éste objetivo, empleó como armas a los instructores, libros y arte, a fin de redimir las diferencias económicas, sociales y étnicas. De esta forma, empleó la educación como una vía para la unidad nacional y el ejercicio democrático en el entendido de que al tener conciencia de sus fines humanos, el individuo llegaría a participar activamente en la conformación de una nueva cultura capaz de exaltar los más altos valores espirituales.

Impulsó la educación en todos los órdenes, la popular, la indígena, la rural, la técnica y la urbana. En beneficio de los sectores populares, organizó la primera campaña contra el analfabetismo de que se tiene memoria en nuestro país, implantó las misiones culturales, creó redes de bibliotecas, escuelas normales y Casas del Pueblo, que convirtió en centros educativos básicos. Fomentó la cultura, y en el ámbito de las artes, apoyó y fomentó la pintura mural mexicana, contratando a pintores como Diego Rivera, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros y Roberto Montenegro; construyó el Estadio Nacional como lugar de espectáculos populares. Impulsó la escuela rural, propició la celebración de la primera Exposición del Libro, creó la Orquesta Sinfónica Nacional a hizo surgir escuelas de pintura al aire libre. Por la su lucha persistente para elevar a su siempre amada patria al rango de país civilizado y culto es considerado El Arquitecto de la Educación Nacional.

El ilustre pensador quiso fundar una política educativa que llevara a la población a identificarse con un destino en el mundo, frente a otras naciones y culturas, mediante la inserción de los conceptos de raza e integración de la cultura mexicana a las grandes contribuciones de la cultura universal. El modelo educativo planteado por Vasconcelos tuvo como objeto la conformación de una sociedad mexicana más conciente, fundamentado esto en el sentido científico de la educación y en sus contenidos, así como en los humanísticos y culturales. No puede negarse el mérito que implica dar voz y expresión a las más legítimas aspiraciones de la clase media, como dar cultura al pueblo, bajo el postulado de que: un pueblo culto no se deja manipular y de esa manera los libros sustituyen a las armas. Indiscutiblemente su obra alcanza una importancia sin precedentes, pudiéndose afirmar que fue una de las políticas de mayor claridad en su intención y de más corto tiempo de duración.

Vasconcelos comprendió como nadie, la importancia de la educación para las clases marginadas en el campo y la ciudad, para el indio, el mestizo y el blanco. Asentó los cimientos del sistema educativo nacional que prevalece en la actualidad. Fue miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, miembro fundador de El Colegio Nacional y Doctor Honoris Causa por las universidades de México, Puerto Rico, Guatemala, Argentina, Chile y El Salvador. La figura del insigne Maestro es recordada por su profunda influencia en el México moderno; su participación en la vida política del país coincide con momentos históricos fundamentales en la conformación de nuestra identidad nacional. Falleció en la Ciudad de México el día 30 de junio de 1959, a la edad de 77 años.

En 1930 fue candidato a la Presidencia de la República oponiéndose a Pascual Ortiz Rubio, candidato del entonces debutante Partido Nacional Revolucionario (PNR). El Maestro oaxaqueño era un gigante mientras Ortiz Rubio era un oscuro político, pero este tenía el omnipotente apoyo de Don Plutarco --Ortiz Rubio, supuestamente avergonzado de su incompetencia y falta de dignidad, renunció a la Presidencia dos años después-- Vasconcelos, después de una sangrienta campaña en la que asesinaron a varios de sus seguidores, brillantes jóvenes profesionistas que con él se forjaron, sufrió el escarnio del primer fraude fraguado por el sistema PNR-PMR-PRI. Después de un frustrado plan concebido por la camarilla agazapada bajo la sombra del “Jefe Máximo” --la misma que tres años antes asesinó a Obregón y que cinco años después traicionó a su “Jefe” Calles-- y de la cual fueron brotando posteriormente tantos políticos que ennegrecieron el panorama de la política mexicana y destruyeron toda su obra creadora, con el que pretendieron provocar al Maestro para que se levantara en armas y así poderlo asesinar impunemente -- cosa que desde luego no lograron simple y sencillamente porque él era hombre de razón y no de armas; además no estaba dispuesto a llevar a la muerte a gente inocente por la ambición del poder--, optó por autoexiliarse, doce años vivió lejos de su amado México, vilipendiado por el sistema espurio, pero no pudieron acabar con él.